De acuerdo con la OMS, en los países desarrollados destaca una mayor insatisfacción y la valoración negativa de los discapacitados con respecto a los servicios sanitarios. En la comparación con las personas sin discapacidad, los discapacitados se muestran dos veces más propensos a mostrar insatisfacción con el servicio ofrecido y cuatro veces más propensos a sentirse mal atendidos.
Según prosigue el informe de la OMS, la discapacidad afecta más a las mujeres, las personas mayores, y los niños y adultos sin recursos económicos. Este último grupo, la mitad de los discapacitados a nivel mundial, sufre especialmente al no tener acceso a atención sanitaria. Muchos niños del tercer mundo que padecen discapacidad sufren además el doble castigo de verse excluidos de la escuela.
El desempleo se ceba más con las personas discapacitadas. En los países de la OCDE, la tasa de empleo para las personas con discapacidad es de un 44%, frente a un 75% de las personas sin discapacidad.
La falta de oportunidades, educación y asistencia médica incide en una mayor vulnerabilidad ante la pobreza, como por ejemplo una alimentación insuficiente, vivienda precaria, falta de acceso al agua potable y el saneamiento.